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NOTA DEL  PAIS ,  17 DE AGOSTO DE 2006.

DEborah FRIEDMANN

Se llama Marcelo, pero enseguida aclara que su madre le dice “Chiquito”. Tiene cinco años y una sonrisa contagiosa. Le gustan los libros. La maestra Irma Ponzo le trae varios. Elige, sin dudar, “el naranja”. Mientras se somete a hemodiálisis se entretiene y en esas 10 horas por semana también aprende.

En el sillón contiguo del Centro de Diálisis de Niños y Adolescentes (Cedina), Patricia, de 12 años, se realiza el mismo tratamiento. En un costado tiene la cuadernola de sus clases de primero de liceo.

Desde hace tres años tiene que someterse a hemodiálisis. El procedimiento le permite ir a clases, pero a veces se siente mal y tiene que faltar.

El apoyo de la maestra fue fundamental para que no se atrasara en el último año de Primaria. “Mientras me dializaba leíamos, me hacía dictados y me ayudaba con las cuentas”, dijo.

A unos metros, Noelia, de 13 años, está en cuarto de escuela. Sufre de problemas renales desde los 7 años. Cuando Irma comenzó a trabajar en el Centro, en 2004, constató que Noelia y otros niños y adolescentes no sabían prácticamente leer ni escribir.

“Por ejemplo, había un joven de 16 años que no sabía leer. Pasó por el sistema y sólo tenía alguna que otra noción. En oportunidades se los pasa de grado para que no abandonen”, indicó Ponzo.

Los problemas de alfabetización ya habían sido detectados en el Centro por la Fundación Renal del Uruguay.

Esa organización fue la que decidió contratar a una maestra para que contribuyera a la educación de niños y adolescentes en diálisis. Actualmente, el salario de Ponzo es solventado por el Cedina.

“El problema surge a raíz de la enfermedad. Se dializan tres o cuatro veces por semana. Cada uno de esos días, muchos de ellos salen de su casa a las seis de la mañana y vuelven a su casa de tarde. Además, algunos se sienten mal el resto del día”, dijo a El País Marcelo Zavalla, presidente de la Fundación.

Zavalla decidió constituir la Fundación a partir de su propia experiencia. Tuvo que realizarse diálisis durante 10 meses en 1990, tras un problema renal. Luego se sometió a un transplante de un riñón donado por su madre, con el que vive hasta hoy.

En Uruguay hay unos 70 niños que viven gracias a la diálisis. De ellos, 45 realizan el tratamiento en el Cedina, indicó Zavalla.

La amplia mayoría están en lista